domingo, 23 de mayo de 2010

Capítulo veinte.

Lo único que podía oir eran los gritos de la gente, que parecía que se divertían. La música estaba demasiado alta, me retumbaban los oídos y me dolía la cabeza, Fer y yo salimos del bar, allí todo era más tranquilo.

- Silvia, yo... - Se cortó.
- ¿Qué?
- ¿Me quieres? - Que pregunta más absurda, se me notaba en la cara que estaba desesperadamente enamorada de él.
- Ya no - Mentí.
- Si me quisieras, podrías olvidar lo que ha pasado, yo no sabía lo que hacía, había bebido mucho y... yo te necesito. - ¿Éste se cree que soy tonta? Luis lo había visto anteriormente con la tía esa. No podía dejarme llevar, no podía ni mirarle a los ojos, sino, estoy segura de que haría todo lo que me pidiera.
- ¿Me necesitas? Si me necesitases no te hubieras liado con esa. Y cuando yo te vi, no fue la primera vez ¿Me equivoco?
- Pues... yo... esto... - Se quedó con los ojos como platos, eso si que no se lo esperaba.
- Eres un gilipollas ¿Te crees que puedes estar con miles de estúpidas a la vez? Sí, podrías, pero conmigo ni lo intentes. Me he dado cuenta de una cosa, que lo nuestro el año pasado fue estupendo, maravilloso, demasiado bonito... ¿Y si cuando me decías que tenías que ir a ayudar a tu padre, te liabas con muchas otras y yo como una idiota, pensaba en ti? ¿Sabes lo que te digo? Que me has ayudado muchísimo, porque ahora sé lo que es el amor. - Noté mis mejillas húmedas, mierda.
- Silvia lo siento, yo te quería pero...
- Yo también - Salí corriendo hacia el bar, necesitaba a Carla, y sobre todo a Luis.

Los encontré bailando, el uno muy pegado al otro, con unas sonrisas muy pícaras. Lo que me faltaba. Lloré aun más fuerte. Luis me vio, pero yo me eché a correr en sentido contrario, me alcanzó, siempre lo hacía.

- Silvia ¿Qué ha pasado? - Me giré hacia él, intenté secarme las lágrimas, que más que lágrimas, era rímel corrido.
- Nada... He hablado con él y le he dejado las cosas claras...
- Vale... ¿Y cómo estás tú? - Le miré con intensidad, no hicieron falta palabras.- ¿Qué tal con Carla? Os veo muy unidos... - Miré hacia otro lado.
- Como tú no venías nos pusimos a bailar ¿Pasa algo?
- No nada, solo que Carla busca a alguien con quien liarse para olvidarse de su ex. - Esas palabras lo decían todo de mí.
- Como tú. - Me sonrió.
- No... yo no... quiero liarme contigo. - Menos mal que había poca luz, así no podía ver que me había puesto roja.
- Eso lo dices hoy, ya veremos mañana.

En ese momento cruzaba la puerta Fer, venía hacia nosotros, mierda tenía que hacer algo. Vi a Luis tan cerca de mí, tan apetecible... Me lancé sobre él y junté sus labios con los míos. De reojo vi que Fer se quedaba sorprendido y daba la vuelta para marcharse. Ufff. Solté a Luis que me miraba con cara de... ¿Entusiasmo?

- Joder, lo llego a decir más pronto... - Rió.
- No te flipes, es que venía Fer, tenía que hacer algo.
- ¿Crees que puedes usarme cuando quieras?
- Sí... eso habíamos acordado.

Le sonreí, él hizo lo mismo. Lo volví a besar, esta vez de verdad, me encantaban sus besos. Él se apartó de mí y miró a todos lados.

- No veo a Fer por ninguna parte...
- Yo tampoco - Nos sonreímos y él fue quien me besó esta vez.

Capítulo diecinueve.

Carla me había dado otra súper sorpresa, y es que se quedaba en la casa de mi tío conmigo hasta agosto. Estuvimos toda la tarde hablando, le conté todo lo que había pasado. Se quedó flipando.

- Tía lo que no te pase a ti...
- Ya... Tienes que ayudarme ¿Qué hago?
- Yo lo veo clarísimo, quédate con Luis, si todo lo que me cuentas es verdad, es un trozo de pan... y encima guapo, no sé a que esperas. - Me miró con una cara un tanto extraña.
- ¿A qué olvide a Fer puede ser?
- Mmm... De momento ¿Esta noche quedamos no? Yo también necesito conocer gente nueva... - Agachó la cabeza.
- ¿Tú por qué?
- Lo he dejado con Javi para siempre... - Rompió a llorar.
- Jo tía lo siento... - La abrazé hasta que se calmó.

Después empezamos a buscar algo que ponernos para esa noche. Carla se puso unos shorts, camiseta ancha blanca y converses rojas. Yo me puse una camisa azul de rayas blancas con mangas hasta el codo, unos shorts blancos y romanas. Estaba intentando peinarme las greñas que tenía en la cabeza cuando sonó el timbre de la puerta. Bajé corriendo a ver quien era y era Luis, tan perfectísimo como siempre, con unos vaqueros cortos negros y camiseta azul, le quedaba muy bien.

- Que guapa estás. - Me sonrió.
- Sí, sobretodo con estos pelos, pasa, voy a peinarme. - Sonrió aún más y entró.

Cuando me iba a la habitación, noté que Luis me paraba.

- ¿No me das ni un besito?
- Que pesado eres ¿No?- Le agarré la cara con suavidad, la acerqué a la mía, rozé sus labios carnosos, él esperaba a que lo besara, pero lo único que hice fue darle un beso en la mejilla.

Me fui a mi habitación, antes de entrar, me giré y vi la cara de idiota que se le había quedado, sonreí.

- ¿Quién es? - Preguntó Carla.
- Luis, nos está esperando.
- Yo ya estoy lista ¿Tú?
- Sí un momento... Ya, vamos.

Negocié con mi madre para que nos dejara ir y salimos los tres de mi casa. Por el camino no parábamos de reírnos por todo, se notaba el buen ambiente. Cuando llegamos al bar, lo primero que vi fue a Fer, sentí una enorme punzada en el estómago. Me vino a la cabeza la imagen de él besándose con aquella guarra. Sentí odio.

- ¿Quién es ese que no para de mirarte? - Preguntó Carla, Luis y yo nos miramos.
- Es Fer... - Le respondí yo.
- Ah, pues no está nada mal...
- ¡Carla!
- ¿A tu amiga le gusta todo lo que tenga rabo o qué? - Me susurró Luis al oído. Le pegué un puñetazo, de cariño.
- Sil, que viene... - ¡Mierda no! Agarré la mano de Luis con fuerza, él me miró y también me la apretó.
- Hola... - Fer nos miró a todos - Silvia, ¿Puedo hablar contigo?
- No, estoy ocupada - Luis me pasó la mano por encima del hombro y no paraba de sonreír.
- Por favor, te tengo que explicar...
- No te molestes.
- Venga Sil, no seas así, por escucharle no pasa nada - Dijo Carla, aggg, ¡me la cargo! Miré a Luis, que me decía que no con la mirada.
- Bueno, pero rápido que no tengo toda la noche.

Capítulo dieciocho.

Nos pasamos la tarde en un parque que estaba cerca de la playa, hablando y haciendo de las nuestras. Luis se pegaba mucho a mí, con demasiada confianza, no me importaba. El asqueroso de Fer no paraba de llamarme asi que decidimos apagar el móvil. Eran las cinco y media e íbamos para la playa a refrescarnos un poco... Encendí el móvil de nuevo, tenía seis llamadas perdidas de Fer y dos de Carla ¿Carla? La llamé pero no me lo cogió, qué raro. Las llamadas de Fer las borré una a una.

- ¿Pasa algo?
- ¿Eh? No nada.
- Te sigue llamando ¿No?
- Sí... A lo mejor me quiere pedir perdón...
- Que lo haga, tu ya lo has perdonado y has aprendido del error.
- ¿Y si me pide que vuelva con él? - Él me miró, preocupado.
- ...Le dices que no...
- No sé si podría...
- Que sí podrás ¿Te das cuenta de que mientras tú hablas apasionadamente de él, él está con la otra? Olvídate ya.
- Lo intento...

Luis me cogió por los hombros y me plantó un beso que no me esperaba, lo único que se me ocurrió hacer en ese momento fue apartarlo.

- ¿Pero qué haces? Que me estés ayudando no significa que me beses cuando te da la gana.
- Quería besarte y lo he hecho, no hay más explicación.
- Yo quiero darte un bofetón y no lo hago, asi que contrólate.
- Bla bla bla... ¿Pero a que por un momento te has olvidado de Fer? - Me sonrió, mostrando su preciosa dentadura
- Pues... creo que sí ¡Agggg! ¿Por qué tienes la razón siempre?
- Jaja, ya tengo la solución para hacerte olvidar - Se acercó mucho a mí.
- ¿Cuál? - Me aparté un poco.
- Besarte cada minuto.
- No te flipes guapito.
- Yo por mí lo haría - Sonrió, me pasó la mano por el hombro y seguimos caminando.

Según llegamos a la playa mi madre me dijo que nos íbamos, porque se estaban aburriendo, recogimos todas las cosas y fuimos al coche. Al cabo de un rato de estar de camino, me quedé dormida en el hombro de Luis. Entre sueños oí una voz que susurraba en mi oído.

- Preciosa, hemos llegado.

Abrí los ojos, parpadeé muchas veces hasta que vi a Luis junto a mi oído y me tenía la mano cogida. No me había dado cuenta de cuando había sucedido eso. Le sonreí y él hizo lo mismo. Salimos del coche y yo me estiré, había sido un largo trayecto. Luis se despidió de mi familia dándoles las gracias y ellos entraron a casa. Yo me quedé fuera para despedirme de Luis.

- Muchas gracias por venir conmigo Luis... y sobre todo por lo que hemos hablado...
- De nada, y por lo que no hemos hablado también... - Se mordió el labio, qué sexy.
- Sí también jajaja - Nos reímos los dos, la verdad era que me lo había pasado bastante bien con él y no quería separme ahora... tenía que hacer algo. - Luis... ¿Te vienes más tarde al bar de la playa?
- ¡Claro! Ahora no te puedes separar de mí ¿Eh?
- Es que cuanto más estoy contigo más me cuesta separarme.
- Lo sé, suelo producir ese efecto en las chicas.
- Ag ¿Por qué tienes esa máscara de creído? Porque en verdad tú eres un trozo de pan... - Se sorprendió, esa pregunta no se la esperaba.
- ¿Puede ser porque los trozos de pan nadie los quiere? Ya viste como acabamos tú y yo.
- Es diferente y lo sabes... Odio que tengas esa máscara.
- Tú sabes como soy de verdad. - Justo en ese momento me sonó el móvil, Carla.
- Espera... ¿Diga?
- Soy yo...
- Ya lo sé, te estaba llamando antes pero no me lo cogías.
- Es que no tenía cobertura, ¡Pedazo pibón!
- ¿Cómo dices?
- Mira detrás tuya.- Y colgó

Miré y ahí estaba ella... ¿Pero qué demonios hacía ahí? Le di un abrazo enorme, la echaba de menos y tenía que contarle muchas cosas.

- Luis, esta es Carla, mi mejor amiga - Sonreí.
- ¡Encantado! - Sonrió amablemente.
- Carla, este es Luis, un vecino...
- ¡El pibón del que me hablaste! Si que está bueno... ¡Encantada! - Dios, qué vergüenza, me puse coloradísima, Luis me miró y se rió, igual que Carla.

Capítulo diecisiete.

Después de ese beso tan confuso, fuimos a avisar a mi madre de que nos íbamos a almorzar a un bar de la avenida, ella aceptó. Por el camino, ninguno de los dos habló, que raro, con el orgullo que tenía Luis, no se atrevía ni a hablarme. ¿Qué puedo decir de ese beso? Me ha dejado flipada... Luis me gustaba mucho pero no lo quería, en mi cabeza seguía rondando Fer ¿Por qué tiene que ser todo tan difícil? Decidí hablarle.

- ¿Sabes una cosa?
- ¿Qué? - Se le iluminó el rostro.
- Me ha encantado el beso... en serio.
- No esperaba menos - Rió.
- Idiota, no se puede hablar contigo. - Aceleré el paso, fingiendo estar enfadada, el seguía riéndose.
- Venga ya, ¡Era broma! - Me cogió por los brazos, haciendo que aminorara, lo consiguió. - ¿Qué querías decirme?
- Pues que quiero que me ayudes...
- ¿En qué te puedo ayudar preciosa?
- A olvidar a Fer... yo sola no puedo y lo sabes. - Se le quedó una cara de idiota...
- ¿Me estás diciendo que quieres ser mi novia?
- No, solo que me ayudes, no te flipes.
- Tan borde como siempre - Cogió mi cara y me dio un beso sonoro en la mejilla.
- ¡Quita! ¿Me ayudas o no?
- Claro... empieza borrando su número ¡YA!
- Pero...
- ¡Venga!

Hice lo que me dijo, al fin y al cabo, para nada lo quería ya, cogí el móvil del bolsillo de mis shorts, y lo busqué... encontrado. "¿Desea eliminar el contacto seleccionado?" Miré a Luis que estaba observando todo lo que hacía, me quitó el móvil, esta vez con mas dulzura y borró el número. Justo en ese momento el móvil sonó y pegó un salto, yo me reí.

- ¡Qué susto! - Rió y me tendió el móvil
- Es Carla, una amiga, espera. ¿Sí?
- ¡Tía! ¡Por fin me lo coges! ¿Qué tal todo?
- Mas o menos...
- ¿Y eso?
- Después te cuento.
- Miré a Luis que me hacía señales de que se iba para que le pudiera contar a Carla, yo le dije que no.
- Es que estoy con un amigo...
- ¿Fer?- No, ni me lo nombres...
- Entonces... ¿Luis? Tía no te decides eh...
- Buf ya te contaré... tengo un lío en la cabeza tremendo - dije en bajo.
- Vale, pues ¡Adiós guapa!
- Adiós Carlita - Y colgó.

- No tienes que estar mas o menos, ¡Tienes que estar súper bien! - Dijo Luis.
- Ya... ¿Tú tienes hambre? - Puse cara de asco.
- La verdad es que no mucho... ¿Y si pasamos de comer y te llevo a un parque que hay por aquí?
- Me parece genial - Sonreí ampliamente.
- ¡Pues vamos! - Yo caminé delante y él me susurró al oído.
- Adoro tu sonrisa, lo sabes ¿Verdad? - Me mordió suavemente la oreja.
- No sé si es verdad o es una técnica para hacerme olvidar, pero funciona...
- Jajajaja, todo lo que te diga va a ser verdad.
- Mmmm.. Intentaré estar preparada.

Capítulo dieciseis.

Nuestros labios seguían rozándose, él esperaba a que yo le besara. Que va, no podía seguir resistiéndome a aquellos labios tan perfectos, opté por dejarme llevar, olvidarme de todo lo que había pasado con Fer. Ahora fui yo la que me iba acercando a él y...

- Eh... siento interrumpir. - No me lo podía creer, mi hermano. Luis se quitó de encima súper rápido, se puso rojísimo. - Sil, dice mamá que dónde vas a comer...-
Em.. dile que ahora voy y le digo. - Yo también sentí como mis mejillas se encendían.
- ¡Vale! - Y se fue.

Observé como mi hermano se marchaba, luego miré a Luis y nos echamos a reir.

- Que vergüenza, como se lo diga a tu madre...
- Más te vale que no, si no te espera una buena jaja.
- Buff... Bueno te todas formas no ha pasado nada ¿no?
- ... No, ni pasará pillín.
- Ya claro, por eso te estabas acercando a mí, bueno da igual, ya te besaré en otro mometo. - Me guiñó un ojo
- ¿Cómo? No te dejaré.
- Eso lo veremos.

En ese momento sonó mi móvil. Cogí y miré quien era, Fer. Me quedé un rato mirándolo, mientras sonaba. Luis apareció detrás mía y me dijo al oído:

- ¿No lo coges? - Le enseñé quien era, me arrebató el móvil de las manos y contestó él mismo.
- ¿Diga?
- ...
- No, Luis, ¿Qué coño quieres?
- ...- No quiere saber nada de ti ¿entiendes? Estamos tranquilamente en la playa.
- ...
- No hablarás con ella porque no lo permitiré.
- ....
- Que te den. - Colgó y me dio el móvil, yo estaba petrificada mirándole.
- ¿Q-Qué Quería?
- Hablar contigo. Y no le he dejado.
- Pero... ¿Tú quien te crees? ¿Y si quería hablar con él? Eres idiota joder ¡y además me confundes! ¡Y tampoco tienes derecho a estar intentando besarme cuando sabes que estoy mal por él! Gilipollas - Cerré los ojos para intentar relajarme. Él seguía a espaldas mías. Guardé el móvil en el bolso y me levanté. Tenía que buscar un sitio donde almorzar. Noté que me cogían de la mano.
- Silvia espera, todo esto tiene una explicación... No lo puedo evitar, desde que te chocaste conmigo aquel día, me tienes loco. Lo pasé fatal cuando vi el brillo en tus ojos al ver a Fer aparecer, el brillo que te faltaba cuando estabas conmigo. Porque no entiendo que le veías a ese gilipollas que te pone los cuernos a la primera de cambio, no entiendo porqué tienes que estar sufriendo si sabes que yo siempre estaré detrás tuya como un perro faldero, aunque ya sé que nunca me querrás como a él. Que también sé que saliste conmigo esos días para olvidarte de Pablo, Fer o quien sea. Eres única, puedes ser todo lo borde que quieras pero a la vez eres cariñosa, cuando te vi aparecer en la playa el otro día, tan preciosa... sentí que me daba un vuelco al corazón. por todo esto creo que te quiero.
- Luis... Yo... - Se me saltaron las lágrimas - Quiero que sepas una cosa, no salí contigo para olvidarme de esos, sino porque me gustabas muchísimo, hasta el punto de creer que te quería, porque contigo era diferente, me olvidaba de los problemas, me hacías sentir especial y eso me encantaba. Y sí, sufro por ese gilipollas porque Fer, el año pasado me decía tantas cosas bonitas como las que me estás diciendo tú ahora y mira como ha acabado - Lloré mas fuerte - ¿Cómo sé que cuando me vaya no harás tú lo mismo? Que veas a una surfera que esté buenísima y te vayas con ella ¿eh?
- Silvia, eso nunca lo sabremos pero si sé lo que siento ahora, y no lo había sentido por nadie, y si Fer te quería como yo ahora, puedo jurarte que no te hubiera puesto los cuernos. - Lo abrazé.
- Yo sólo quiero olvidarme de Fer.
- Yo podría ayudarte. - Me miró con intensidad y me secó las lágrimas.
- No sé Luis, deja que piense un poco...
- No.
- ¿Qué?
- Que te calles.
- ¿Pero de qué vas? Tú...

No pude acabar la frase porque sus labios se juntaron con los míos con dureza, yo intenté librarme de sus brazos, que ahora estaban en mi cintura, pero no pude, pensé en morderle, pero no. Le di de golpes en su pecho pero tampoco reaccionó. Ahora que lo pensaba, añoraba sus besos, tan salvajes pero a la vez tiernos... Al final me dejé llevar, nuestros alientos hacían una mezcla perfecta. Fue perfectísimo, estaba en lo mejor del beso cuando él se separó y me miró. Me sonrió, yo hice lo mismo y esta vez fui yo quien lo besó.

Capítulo quince.

Llegamos a la playa, no tenía ni idea de donde estaba, solo sabía por lo que me habían dicho, que era la mejor de la isla y no cabía duda por la masa de gente que había. Estuvimos un largo rato buscando un sitio, y al final lo conseguimos. Mi familia se puso en un lado y Luis y yo en otro. Nos quitamos la ropa y colocamos la toalla para sentarnos encima. Me vino a la mente Fer... todo el tiempo que habíamos estado juntos, al fin y al cabo todo a la mierda...

- ¿Vamos al agua? - Luis interrumpió mis pensamientos.
- No me apetece... vete tú.
- No, no... ¿Y si hacemos algo? Es que me aburro...
- Pues si te aburres vete a ligar con esas dos - señalé a unas extranjeras bastante guapas que estaban delante nuestra - Llevan tiempo mirándote.
- Mmm... ¡Vale! - Se fue hacia ellas y se presentó con todo el morro del mundo.
- Pero será...

No paraba de sonreír mientras hablaba con ellas, y ellas le echaban unas miraditas...De pronto las extranjeras empezaron a tocarle toda la tableta, joder ya se que está bueno pero... ¿Qué confianzas son esas? Me levanté y fui hacia ellos.

- Lo siento zorritas pero ya está cogido. -Y me llevé a Luis de allí.
- ¿Perdona? Me dijiste que ligara con ellas.
- Joder que te estaban tocando todo, llego a ir un poco más tarde ¡y se te montan encima!
- Jajaja... Me da que alguien está celosa...
- ¿Quién? Porque yo no
- Tú sí...- Se acercó mucho a mí, podía sentir su aliento.
- Em... ¡más quisieras tú! - Y salí corriendo hacia el agua y me tiré en bomba.

Luis corrió también hacia el agua y fue hacia mí. Dios, con el pelo mojado era aún más guapo ¿Podía ser eso posible?

- Está helada brrr. - Dije.
- La verdad es que un poco... Ven - Me cogió por la cintura y me abrazó por detrás.
- ¿Y esas confianzas? Quita - Intenté soltarme pero no pude.
- Era para que no tuvieras tanto frío antipática. - Me soltó y me hundió la cabeza hasta el fondo del agua. Cuando intenté salir, vino una ola y me hundí más, al final pude salir y no vi a Luis por ninguna parte. Me dirigí hacia donde estaban nuestras cosas y lo vi tumbado en su toalla boca abajo, tan tranquilo.
- ¡Te vas a enterar! - Me senté encima de su espalda, lo cogí por los pelos y le enterré la la cara en la arena. No podía parar de reírme, en cambio él tenía una cara de cabreo impresionante.
- Yo no me río.
- Es que no te has visto la cara jajajajaja.- Se levantó e intentó sacudirse un poco, luego se puso encima mía y me agarró por las muñecas.
- ¿Y si para vengarme te beso? ¿A qué ya no te ríes tanto?
- Atrévete.
- No sería el primero que te daría.
- Pero si el último porque te partiría la cara.
- Correré el riesgo... - Se acercó a mis labios, pero yo aparté la cara.
- Te muerdo...
- ¿Segura?

Siguió acercándose pero yo me apartaba, hasta que soltó mis muñecas para agarrarme la cara, yo ya no me podía resistir a esa sonrisa de victoria que tenía estampada en la cara, esos ojos verdes intensos que me hipnotizaban, ese cuerpazo que hacía que me dieran escalofríos por todo el cuerpo, sus labios rozaban los míos...

Capítulo catorce.

Nueve de Julio del dos mil nueve
.
- Silvia ¡Despierta ya! Mira que te dije que había que salir temprano.
- Que sí, ya voy...

Mi madre fastidiando. Joder ¿qué hora era? Ni las nueve... mi madre está loca. Me levanté y me fui al baño, cuando me miré al espejo, pensé que se iba a romper de lo fea que estaba. Tenía los ojos súper hinchados y las ojeras eran tremedas... ¡Qué horror! Me arreglé como pude mientras mi hermano me metía prisa. Fui hasta la cocina a desayunar, allí se encontraban los tres desayunando, sin mí.

- ¿Por qué hay que ir a la playa tan temprano? No lo entiendo...
- Aparte de que hay un largo trayecto, tenemos que coger los mejores sitios! - Dijo ilusionada mi madre.
- Lo que tu digas...- Silvia, ¿No iba a venir tu amigo?
- Iba... Ya no.
- ¿Y no tienes más amigos? Para que no te aburras digo, porque conmigo no vas a jugar - Saltó mi hermano.
- No pensaba hacerlo y sí claro que tengo - En ese momento me vino a la cabeza la imagen de Luis, sonreí.

Salí corriendo por la puerta a avisar a Luis si quería venir, lo último que me apetecía era aguantar a los pesados de Ale, mi madre y mi tío. Cogí el móvil para enviarle una perdida, por si acaso su familia estaría durmiendo, marcaba su número cuando alguien me tocó el hombro, me giré y lo vi.

- ¡Hola! ¿Nos vamos? - Fer se dirigía a besarme, pero yo lo aparté.
- ¿Qué coño haces? ¿No viste mi sms? ¡Largo! - Me dieron ganas de escupirle.
- Hey ¿qué te pasa guapa? Tienes un careto...
- Dijo con tono burlón- Te vi ayer liándote con otra, gilipollas. - Se quedó pálido. En ese momento Luis salió de su casa con unos pantalones cortos azules y sin camiseta.
- ¿Qué es todo este jaleo? Hay gente durmiendo ¿sabéis?
- Tu cállate imbécil, Sil te lo puedo explicar todo... - Dijo Fer.
- No hace falta que me expliques nada, tengo ojos. Y lárgate que no pintas una mierda aquí.
- Me fui hacia Luis.
- Eres una niñata que va de tío en tío rompiendo corazones, esperando a que después de un tiempo sigan latiendo. Anda y que te den - Y se fue.

Se me humedecieron los ojos, pero no tenía fuerzas para llorar

- Será capullo el tío este - Dijo Luis, enfadado.
- Yo ya no sé que hacer... Me quiero morir, así dejo de romper corazones.
- No seas boba y ¡no le hagas caso a ese!
- Bueno... - Me sequé las pocas lágrimas que me habían caído - Yo te iba a llamar ahora ¿Quieres venir conmigo y mi familia a la playa?
- ¿Yo? Pues... no sé, tenía planes.
- Entonces nada, que sepas que eres lo único que tengo aquí y te necesito para que me alegres el día, que me hace mucha falta, pero si tienes planes, pues nada... - Lo miré con cara tristona.
- ¿Me vas a obligar a ir?
- ¿Yo? Para nada...
- Es que si lo hicieras no me importaría... - Me sonrió. - Claro que voy ¡Todo por una amiga! Espérame que ya bajo.

Fui corriendo hasta mi casa para decirle a mi madre que ya tenía amigo con quien ir y ayudé con los bolsos y sombrilla para meterlos en el coche. El coche era de mi tío y era un Renault Clio, un poco pequeño para ir todos. Luis salió de su casa, guapísimo como siempre. En cambio yo, tenía unas pintas espantosas. Se lo presenté a mi madre, que parece que le cayó bien, seguro que por lo guapo, a mi tío, indiferente y a Ale, un amigo más, ya que tenían la misma edad mental. Subimos al coche y yo me puse a escuchar música con el Ipod. Íbamos demasiado apretados, y sin querer las manos de Luis y las mías se rozaban, él jugaba con mis dedos, mientras yo, solo sonreía.